28-11. Mendieta, herejías, persuasión y política 24 horas. Juan Pascual x Pausa

Imagen de Oscar Belbey

Mendieta, herejías, persuasión y política 24 horas

Por

 Juan Pascual

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 Nov 28, 2019

Abelardo "Mendieta" Vitale.

 

–Milité en el peronismo hasta que Menem dio los indultos. Ahí me fui a militar al Frente Grande. Yo lo conocía, apenas pero lo conocía, a Germán Abdala. Germán veraneaba en Santa Teresita y, un par de veces, cuando iba de vacaciones, invitaba a tomar mate a los chicos de la JP para charlar y ahí lo conocí. Cuando me fui a militar a Buenos Aires, que fue en el 88, ya estaba incómodo con el menemismo. Había militado muy fuertemente para Cafiero, y con los indultos dije “este es mi límite”. Y me acerqué a Germán Abdala, que era diputado, había asumido en el 89, y le dije que había militado en la JP, y dijo que estaban armando un sector disidente, que era el Grupo de los 8, y me puse a militar con ellos. Me mantuve ahí hasta siempre. Hice todo el Frente, participé en el Frepaso, fui funcionario de la Alianza y renuncié al otro día que renunció Chacho. Fuimos muy pocos los que nos fuimos, pero nos fuimos. Tenía cargo en Desarrollo Social. Volví al Congreso Nacional, ya había estado trabajando en el Congreso. Estuve trabajando de asesor y después me fui a la Legislatura porteña. Tuve un brevísimo paso por el ARI, una parte del Frente Grande se fue al ARI

–Sí, sí, mucha gente acá hizo lo mismo.

–Conozco la trayectoria santafesina, compañeros con esa trayectoria. De hecho yo no voté a Néstor. Yo voté a Carrió en el 2003.

–Esto está siendo grabado.

–No hay problemas, es la verdad.

Abelardo Vitale se presenta a sí mismo como militante. «Hablo como militante», dice ante su audiencia. Es un joven veterano que supera la decena de campañas electorales en el lomo. Trabajó en proximidad con los candidatos en tres campañas nacionales –todas de distinto signo– y cuando no jugó en la batalla electoral no se pudo contener y abrió un blog “para hablar de campañas y analizar campañas”. Corría 2007 y su seudónimo con los años se volvió una referencia central en la comunidad bloguera de principios de siglo: Mendieta.

Mendieta en las últimas elecciones fue el representante de Alberto Fernández en la coordinación del Debate 2019 con las otras fuerzas políticas y la Cámara Nacional Electoral. No larga muchos secretos del comando de campaña, pero deja entrever parte de su trabajo: seguimiento de medios, sinopsis y distribución del mensaje del candidato, armado de la estrategia electoral territorial a partir de encuestas y focus, en función de ir a disputar el voto más blando. Es decir: estuvo desde el principio hasta el final.

“Todos los slogans de campaña salieron de él”, dice sobre su tarea y sobre el candidato. “Nosotros laburando lo escuchamos: ‘Y vamos a poner a la Argentina de pie’. ‘Ahí tenemos un slogan’… pero lo dijo el chabón. Lo mismo que lo de ‘entre los jubilados y los bancos, me quedo con los jubilados’. En el momento en que lo escuchás decís ‘esto es perfecto’”.

Reconoce a la persuasión como una de las principales virtudes de un militante. Indica que para eso hay que expresar con mucha sencillez ideas que son complejas; no puede evitar hacerlo. Es casi imperceptible cómo se ofusca al usar un término académico específico. Así, debajo de una expresión directa, se puede notar que hay largo tiempo de rumiado sobre lo hecho, sobre el escenario actual, sobre lo que viene.

Junto a la conocida periodista Noelia Barral Grigera, Mendieta estuvo en nuestra ciudad para el cierre del Tercer Congreso de Economía Política organizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Económico Benjamín Hopenhayn.

Las campañas

Vitale trabajó en proximidad con los candidatos para las campañas de De la Rúa-Álvarez, Carrio-Gutiérrez y Fernández-Fernández. Un recorrido compartido y muchas veces negado por una porción no menor del kirchnerismo actual. Una herejía para el Kennel Club político. Siguiendo con las inútiles aunque demasiadas veces decisivas jerarquías de pedigrí, cabe señalar que Vitale sí se incorporó al kirchnerismo mucho antes que en los hitos del 2008 o el 2010: “Cuando asumió ya empecé a mirar, como que me interesaban algunas cosas. El día que me dí cuenta definitivamente de que había que estar en el kirchnerismo fue el día de la ESMA, cuando fui al acto”.

Más allá de la urgencia, del gobierno del Frente de Todos y de Alberto, cuando termine este mandato se cumplen 40 años de democracia. Y la verdad que la democracia está en deuda con nuestra sociedad. Son 40 años en los que hay muchas cosas que no resolvimos, en las que no dimos respuesta a la sociedad.

Vitale establece las diferencias entre sus tres experiencias con candidatos a la presidencia a través de un trazo acaso personal: “Las personas siempre son la diferencia. Si son buenas o malas personas. Ni más ni menos. Después hay gente más o menos amable. Yo laburando soy un tipo áspero. Alberto es un chabón copado. Fue una muy linda experiencia”.

–¿No se te frunce el culo delante de un candidato a presidente?

–A mí ya no. Antes sí, cuando era pendejo. Le perdí bastante el respeto a la pavada del poder. Me caen mal aquellos que se babosean. Detecto eso y no me gusta. Pero sí, sentís una gran responsabilidad. En las reuniones del Debate yo no decía lo que quería en esa negociación, iba con el mandato de la campaña. Pero en cada reunión tenés que tomar decisiones en el lugar y después dudas de si hiciste bien o mal.

–¿En qué momento terminó de cuajar la campaña?

–Estoy muy contento de haber participado en esta campaña que acaba de terminar porque, entre otras cosas, ví por primera vez que pasaba lo que siempre sospeché que tenía que pasar. La política es más importante que la comunicación. La política ordena a la comunicación. La política le tiene que dar un sentido a la comunicación y no al revés. No es marketing. Vos podés hacer una elección por el marketing, el macrismo la ha hecho y hasta podes ser eficiente en términos electorales. Pero después juegan tus valores, y para los que nos definimos peronistas y del campo popular no podés anteponer el marketing a los valores. Entonces, casi te diría que cuajó desde el inicio, desde la decisión de Cristina de ponerse en segundo lugar y elegir a Alberto Fernández. Alberto luego, dedicándole por lo menos un mes, fácil, o un poco más, a un armado paciente, de ir acercando otros sectores que capaz que con Cristina no se hubieran acercado. Y esa mediación de Alberto, esa cualidad de buscar diálogos, puentes: los gobernadores, el massismo, la centroizquierda, Pino Solanas, un candidato independiente en la Ciudad de Buenos Aires. Todo eso primero. Y luego la campaña fue cómo se acompaña a eso de la mejor manera en términos comunicacionales. Cómo se ordenaba de la mejor manera el mensaje.

 

–¿Cuáles fueron las claves?

–También nacen de la política. No era un misterio que las demandas eran de carácter económico. Nosotros aprendimos a no boludear con las divisiones y también nos unió el macrismo en su desastre. Esa es la verdad. Un gobierno pésimo en todos los órdenes. Ni siquiera fueron buenos en sus propios términos. Cuando los chabones ganaron, dije “Estoy seguro que no me va a gustar el gobierno, pero que un Apple Store van a poner en la 9 de Julio no tengo dudas”. Porque, viste, se ponen locos con esas cosas. Ni esas boludeces… Hay que ser muy malo. Es el primer presidente en toda Latinoamérica que va a la reelección y no la logra.

Aprendimos mucho. Aprendimos el valor de estar juntos en la diversidad. Esto no quiere decir que está todo bien, que a partir de este momento todos vamos a pensar los mismo. No, no, no es así y nunca va a ser así. Pero sí hay que anteponer la unidad antes que las boludeces.

Vitale goza y está bien. A las pocas horas volvería sobre el punto en el Cine Auditorio de ATE, colmado de diversos militantes que asistieron al Congreso. “Se hicieron demasiado los cancheros”, “Hicieron campaña sobre cómo hacían campaña”, “No hay que dejar de remarcarlo”, dice sobre de la derrota de Cambiemos, mientras se ríe de la desorientación de Luis Majul al respecto.

–Volviendo a las claves. Primero: tomar una decisión y sostenerla. Tomar la decisión de que íbamos a ir por el lado de la economía, de que íbamos a buscar un votante no del núcleo duro. Sabíamos que teníamos un piso, pero que además teníamos que ir a buscar un 10, 12% de voto blando o voto probable.

–El peronismo tiene la virtud y a veces el lastre de tener una identidad muy fuerte, muy intensa. ¿Cómo buscas el voto de quien no tiene esa identidad?

–El peronismo se ve obligado a renovar esa tradición, sin olvidarla. Permanentemente tiene que dar cuenta de nuevas demandas en lo político, de nuevas expresiones en lo social y de nuevos modos comunicacionales también. El acto de La Pampa, el 17 de octubre, que es nuestro día más icónico y tradicional: ahí tuviste una estética muy moderna, muy renovada. La utilización de nuevos formatos, de nuevos lenguajes, es una de las grandes características del peronismo, esa capacidad de adaptación. Eso es bueno, sino te volvés un conservador. Que también los hay en el peronismo, que creen que ser peronista es cantar la marcha. Para mí cantar la marcha no te hace peronista, con cantar la marcha solamente, no alcanza. Ahí hubo un acierto del candidato, supo conectar con los sectores más periféricos. No son antiperonistas, pero no son peronistas. ¿Y cómo los captas? Con un buen diagnóstico de la situación, por un lado, y ofreciéndole una alternativa. Y en eso desde el primer día fuimos muy claros. Nuestro proyecto es exactamente lo opuesto del macrismo. El macrismo es especulación y timba financiera y nosotros somos producción y trabajo argentino.

Nosotros laburando lo escuchamos: ‘Y vamos a poner a la Argentina de pie’. ‘Ahí tenemos un slogan’… pero lo dijo el chabón. Lo mismo que lo de ‘entre los jubilados y los bancos, me quedo con los jubilados’. En el momento en que lo escuchás decís ‘esto es perfecto’

–¿Qué cosas se aprendieron del 2015?

–Hubo toda una etapa, que a mí no me gustó, donde se decía que “había que hacer la autocrítica”. Yo veía ahí un poco de hipocresía, de que hagan la autocrítica los demás. “Hagamos la autocrítica y empezá vos”. La autocrítica es personal y es de cada esapcio en sí mismo.

–¿No hubo un poco de pecho frío en el 2015?

–¿Por qué lo decís?

–De ir con Scioli pero a regañadientes, de tener un exceso de confianza en que se iba a ganar. Al punto de que la campaña casi se salva por los partisanos digitales.

–No te creas, no fue tan solo de partisanos digitales. Hubo mucha activación organizada detrás de esa desorganización. Efectivamente hubo una especie de marea de independientes que se asustaron con la posibilidad de que ganara Macri y que dijeron “tenemos que hacer algo”. Y salieron a hacerlo, como más o menos les salía. Pero también ante esa marea hubo un intento de darle un sentido.

–¿Vos estuviste en esa campaña?

–Sí, trabajando justamente en eso. Tirábamos cosas en las redes y caminaban solas.

Poco después iba a señalar su autocrítica, como una corriente de aire fresco: “Si tengo que hacer una autocrítica de una etapa mía, nosotros fuimos demasiados exigentes con cierta sobreideologización que le pedíamos a toda la sociedad. Y la verdad que cuando tomás dos metros de distancia… A mí me encanta la política, yo puedo estar 24 horas al día hablando de esto, discutiendo de esto, leyendo de esto”, admitió mientras de fondo Mariano Closs relataba la final de la Libertadores, “Pero cuando me doy vuelta veo a mis compañeros de la primaria y la secundaria, tienen sus familias, quieren ver el partido de fútbol, tienen su laburo. No puedo pretender que todo el mundo esté tooodo el día pensando en esto porque si no, encima, ‘sos un boludo’. Hemos llegado a tener ese nivel de soberbia: de que aquel que no quiere estar prendido en esto le decíamos ‘Eh, vos no querés abrir los ojos, sos un boludo’. Y la verdad es que eso es lo más antipolítico que podés encontrar. A quién vas convencer si entrás diciéndole ‘sos un boludo’. Si viene un evangélico y te dice que sos un pecador y un boludo… te ponés a la defensiva”.

–En realidad están en los barrios y te invitan a cantar y a comer los domingos.

–Y te perdonan para empezar. No me gusta pensar que sólo la batalla cultural modifica la realidad. La realidad se modifica de múltiples maneras. Cuanto más humildes son los sectores sociales, más concreto debe ser el cambio.

–Muchas veces la noción de batalla cultural es terriblemente agobiante

–Se le gastó el sentido. Hay determinados conceptos que en algún momento expresan algo y luego se van desgastando por su abuso. Y con batalla cultural yo creo que se abusó de ese concepto. Y terminó siendo casi una coartada para no decir mucho. “Vamos a dar la batalla cultural” ¿Y qué es? ¿Cómo se expresa, en qué lugar? No quiero decir que no es importante el debate público, las intervenciones públicas, las intervenciones públicas. No, estudié Comunicación porque creo que eso es importante, muy importante. Pero cuando te quedás en esos atajos conceptuales, me parece de pajero.

El nuevo gobierno

–¿Cuáles son las principales tensiones políticas que va a tener el nuevo gobierno?

–La principal demanda va a venir de nuestros propios votantes. Nuestros votantes fueron a las urnas con mucho deseo de cambio, hasta con esperanza de cambio, en un momento en el que no es fácil crear esperanza. La sociedad y las mediaciones, de los movimientos sociales, de la política, de las iglesias, están trabajando bien en los sectores más golpeados, que están muy mal. Ahí hay que dar respuestas urgentes. Esos son votantes nuestros. El hambre es una urgencia muy importante y una obligación moral para nuestro gobierno. Yo no creo que haya grandes tensiones internas en el Frente de Todos, entre otras cosas porque hubo aprendizajes importantes sobre bajar los egos, bajar las bandas. La campaña se trabajó realmente muy bien entre los distintos equipos. Y eso baja de la política. Si los dirigentes están en la tensión, vos lo olfateás.

–Esta unidad del peronismo, ¿se puede comparar con otro período, o es un nuevo tipo de unidad?

–Lo que es seguro es que quizá nunca había habido tanta dispersión en el peronismo y en el campo nacional y popular como antes de esta unidad. En las últimas dos elecciones, tanto en las 2017 como en la de 2015, si vos quería votar macrismo entrabas y tenías una sola boleta, la de ellos. Del otro lado tenías tres o cuatro. No hay forma de ganar cuatro contra uno. Yo creo que hay dos fenómenos interesantes de esta unidad. En 2017, aunque no se haya terminado en listas unificadas, el lenguaje de los opositores al macrismo se comenzaba a parecer. Si vos hacías el ejercicio de agarrar una nota y tachar el nombre y preguntar quién lo dijo, era bastante parecido lo que estaban diciendo Cristina, un diputado del PJ del interior que supuestamente respondía un gobernador que nada que ver, o un massista. Empezaban a semejarse en el diagnóstico de lo que era el macrismo. Después también era cierto, mucho dirigente lo reconoce públicamente, que la gente pedía en la calle la unidad. Y es verdad eso, lo que pasa es que el “unánse” tenía un reclamo atrás. No era solamente “únanse”, era “únanse para ganarles a estos”. Eso no estaba dicho. La fortaleza estaba en el “saquen al macrismo” y para eso era el “únanse”. Al mismo tiempo, otra cosa novedosa, y espero que no me equivoque, es que estos cuatro años han sido muy fructíferos y muy pedagógicos para nuestros dirigentes, para nuestros cuadros y para nuestros militantes. Aprendimos mucho. Aprendimos el valor de estar juntos en la diversidad. Esto no quiere decir que está todo bien, que a partir de este momento todos vamos a pensar los mismo. No, no, no es así y nunca va a ser así. Pero sí hay que anteponer la unidad antes que las boludeces.

Tal vez como un resultado de su trayectoria anterior al kirchnerismo, Vitale reflexiona sobre temas que fueron clásicos de la bibliografía política de los 80, como el de la institucionalización del peronismo. Claro que su expresión fue con modos sencillos y que, quizá, no piense con aquellos antiguos términos, pero delante de la audiencia en ATE no ocultó su inquietud por encontrar regulaciones para que la sucesión de los liderazgos en el peronismo no sea un trauma y para que el debate interno prolifere pero evitando las diásporas que desde el Grupo de los 8 –justamente– fueron una constante en todas y cada una de las elecciones, hasta el 2019.

Comunicador

De pibe, en los 80, leía a algunos de sus futuros profes de la Facultad. Mendieta puntualiza en su formación política cómo siendo adolescente leía la revista Unidos, dirigida por el futuro líder del Frente Grande y el Frepaso, Chacho Álvarez. Entre otras plumas, allí firmaban Patricia Terrero, Nicolás Casullo, Horacio González, Alcira Argumendo, Dora Barrancos, figuras clave la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA o de la intelectualidad porteña. A sus 18 años dejaría su San Bernardo natal para ir a la Capital a estudiar Comunicación Social y cruzarse con algunos de esos autores en las aulas.

No puedo pretender que todo el mundo esté tooodo el día pensando en esto porque si no, encima, ‘sos un boludo’. Hemos llegado a tener ese nivel de soberbia: de que aquel que no quiere estar prendido en esto le decíamos ‘Eh, vos no querés abrir los ojos, sos un boludo’. Y la verdad es que eso es lo más antipolítico que podés encontrar.

–Por no ser porteño, ¿tu mirada sobre la política es diferente?

–Lo intento. Intento que mi mirada política sea bien federal.

–Entonces, ¿cómo calificas la mirada política porteña?

–Nuestro país es absolutamente porteñocéntrico. Hay algunas cuestiones que son estructurales y comprensibles. El poder económico está concentrado casi desde el inicio de nuestra patria en el puerto de la ciudad de Buenos Aires. El correlato político de eso es bastante obvio. Pero además, al mismo tiempo, se adosa una cuestión social: los medios que emanan desde Buenos Aires al resto del país. Yo noto un desconocimiento profundo de nuestro país. No sólo de los porteños respecto de los provincianos, sino de los provincianos entre sí e incluso de los provincianos respecto de los porteños.

–En tu período fuerte de bloguero, en ese espacio había mucha gente del interior.

–Yo llegué a escribir en un blog en 2007. Tenía un cargo institucional en la Legislatura porteña y la campaña de 2005 había sido la primera en que yo no participaba en ningún equipo. Desde el 95, con distinta intensidad, estoy haciendo campañas. Y tenía necesidad de decir cosas, pero por el cargo no podía, entonces me inventé un seudónimo. Empecé con mi blog exclusivamente hablando de campañas, analizando campañas. Y después empecé a contar otra veta más de opinión política e incluso mezclaba historias, narraciones. Era siempre de política, pero no sólo de política. Yo era un lector de blogs. Leía a Artemio López, a La Barbarie, con María Esperanza Casullo, Alejandro Sehtman y Pablo Carnaghi. Encontraba ahí materiales que me resultaban motivantes, por fuera de los medios tradicionales. Entonces me largué a escribir. Y empezó a haber conexiones, que no tenían que ver con lo territorial. Aldo Ulises Jarma, desde Tucumán, te dejaba un comentario, entonces vos leías lo de él, y se empezó a armar una comunidad. Después se puso tan de moda eses término, pero así empezó. Al principio la comunidad bloguera siempre tuvo una preponderancia de lo nacional popular, pero no exclusivamente.

–Sí, estaba hasta Lucas Llach.

–Te iba a decir, justamente. Y se conversaba y se debatía. Después se empezó a complicar, no tanto por lo blogueros sino por los comentaristas, que comenzaron a agredirse mucho. Eso fue bastante molesto.

–Hay como una trayectoria ahí de todo ese grupo, que fue evolucionando.

–Sí, por supuesto. Patucho Álvarez, de Un día peronista, hoy es uno de los comunicadores de Cristina más importantes en cuanto a estética y concepto.

 

Dónde está la política

Los contextos siempre le dan su carácter coyuntural a los diálogos. Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia y, también, por qué no, el voto concentrado de clase para el macrismo. Para todo, Vitale no deja de confiar en la política.

–¿Cómo se hace para discutir con el voto de derecha?

–Nunca hay una sola motivación para el voto. Esta elección es un ejemplo. Si vos ves las primarias, qué más claro que decir que la motivación es económica. En las generales ellos subieron, y funcionó el voto ideológico. A veces te funciona el ideológico y el económico. Parece una obviedad que no dice nada, pero es cierta: el voto es multicausal. Se te mezclan cuestiones económicas, de pertenencia, histórica, ideológicas. Hay un combo muy difícil de establecer y que no es estático. Yo no creo, esto es muy intuitivo, que el 48% que votó a Alberto Fernández se hayan transformando en peronista y sea kuka ni que el 40% que votó a Macri se hayan vuelto fascistas al estilo Bolsonaro, dispuestos a matar comunistas que ven en todas las esquinas. Estamos asistiendo, no sólo en Argentina sino en todos lados, a la constitución de dos polos cada vez más intensos, pero en el medio hay un sector que a veces se inclina para un lado y a veces para el otro. Tampoco es la avenida del medio de la que hablaban Lavagna o Massa. No hay un tercer carril, hay gente suelta. Que si más o menos gobernás te acompaña y si gobernás mal te deja de acompañar. Parece muy primario el análisis, pero es así. ¿Cómo hacés con ese 40%? Goberná bien. De que ese 40%, por más bien que gobiernes, una parte no se va a venir con vos, por muchas razones. Porque hay un antiperonismo que existe históricamente en nuestro país, por ejemplo. Fijate que tampoco se hicieron demasiadas promesas durante esta campaña, pero un gobierno que le ponga un piso a esta caída y le de cierta recuperación a los salarios y el trabajo, un gobierno que sea respetuoso de lo institucional, que se austero, transparente, va a interpelar a un sector de gente que hoy votó a Macri.

La política es más importante que la comunicación. La política ordena a la comunicación. La política le tiene que dar un sentido a la comunicación y no al revés. No es marketing.

–Igualmente hay un núcleo muy distinto. Es la primera vez que tenemos un partido de derecha que se presenta como tal. ¿Eso cambia el sistema político?

–Sí. Se está produciendo una polarización. Hoy a la mañana me gustó mucho algo que dijo Pablo Javkin en el Congreso. Más allá de la urgencia, del gobierno del Frente de Todos y de Alberto, cuando termine este mandato se cumplen 40 años de democracia. Y la verdad que la democracia está en deuda con nuestra sociedad. Son 40 años en los que hay muchas cosas que no resolvimos, en las que no dimos respuesta a la sociedad. En términos de distribución del ingreso, de mejora de infraestructura básica, de justicia social, de salud, de PBI per cápita, de desarrollo, de lo que quieras. Tenemos crisis sistémicas, avanzamos dos pasos y retrocedemos dos pasos. Por ahora la sociedad argentina sigue dándole una chance a la política, a las elecciones. Pero perfectamente un día puede dejar de suceder eso. Tenemos tan claro lo sangriento y lo destructivo de la última dictadura que tenemos anticuerpos que otros países de la región no tienen.

–Esos anticuerpos los ubicas en las organizaciones sociales…

–En general están. Muchos putean a la política, sin embargo en los días de elecciones el clima es festivo en las escuelas. La gente va contenta a votar, aunque putee. Puteamos. Pero en términos generales, a pesar de todo eso, sigue existiendo eso de que es lindo ir a votar y decidir. Sigue habiendo alto porcentaje de participación. Pero tampoco hay que seguir tirando del piolín.

–Hay otros modos de producción de política que no son partidarios, pero son fuertes. Actualmente se ve el feminismo, también las iglesias evangélicas, o el ambientalismo. Antes, el movimiento de Derechos Humanos…

–No tengo dudas de que deben ser atendidos, considerados. Atendidos en el mejor sentido: aprender de ellos, incorporar cosas de ellos, incluso de las nuevas subjetividades que se producen alrededor de esto. De todos modos, sigo pensando que es la política la que debe dar respuestas transformadoras. No tengo dudas de que es importante un movimiento como el feminismo, que influye, que cambia culturalmente, que generan debates, pero en el fondo soy un fuerte defensor de la acción política para plasmar eso en instituciones.