Del Frade, Carlos.Ciudad blanca, crónica negra

Imagen de Oscar Belbey

Carlos Del Frade

Ciudad blanca, crónica negra

Del Frade autor de libros como “Los caminos de Belgrano”, “Quién era Feced? La represión en el gran Rosario”. “El Litoral, 30 años después. Sangre, dinero y dignidad”

Fragmentos del prólogo del libro presentado:

“-Voy a vivir hasta los 21 años. Nada más. Eso lo tengo claro….

Mientras los grandes medios de comunicación y las redes sociales afirman que la expectativa de vida llega hasta pasados los 70 años, ese avance científico no llega a muchas pibas y pibes de estas regiones.” Ellos no leen los libros que escribimos, ni los diarios donde publicamos ni tampoco escuchan nuestros programas de radio, ni nuestros proyectos televisivos…. ¿QUE HACEMOS NOSOTROS ANTE ESTA REALIDAD?

El  periodista y escritor Carlos Del Frade  en el marco de su nuevo libro “Ciudad Blanca, Crónica Negra” fue entrevistado por  “La Brújula de la Mañana” previo a la presentación realizada en la sala del Sindicato de Luz Y Fuerza. Claro y conciso, como siempre, el escritor atacó la madre del flagelo que contamina a la realidad y dijo: “luchar contra el narcotráfico es luchar contra el capitalismo y es difícil que esa lucha la lleven adelante los políticos que auspician su permanente desarrollo”.

Este libro recupera parte de un  primer tomo escrito en el año 2000 sobre la historia política del narcotráfico en el Gran Rosario desde los años setenta y agrega crónicas periodísticas de los últimos dos años cuando, en la ciudad de Rosario, los asesinatos relacionados con el narcotráfico  se contabilizaban en 274, en su gran mayoría jóvenes de entre 18 y 25 años de los barrios más marginados.

Carlos del Frade en las 500 páginas de su libro acaba por desnudar una verdad silenciada por el discurso hegemónico: “El narcotráfico es la forma que tiene hoy el capitalismo de acumular de forma rápida, ilegal y concreta. Cuando se analiza la estructura del narcotráfico, se está  analizando las formas contemporáneas de acumulación que hoy tiene el capitalismo” y su narrativa nos ayuda a comprender que la batalla contra el narcotráfico es una batalla contra el capitalismo: “Vamos a seguir peleando…no peleamos contra una banda, ni contra Los Monos, ni contra Luis Medina, ni contra David Zacarías, peleamos contra el capitalismo”

El narcotráfico ha creado una compleja red internacional de producción, distribución e intercambio que nos permite hablar de una industria transnacional que compite para conquistar mercados (territorios), espacios dentro del estado y poder económico, cuya mayor expansión se origina en las demandas crecientes por nuevas fuentes de acumulación y rentabilidad asociado a una nueva fase del capitalismo imperialista: “Es un ciclo de acumulación que se manifiesta en la forma actual del sistema financiero. El 40 por ciento de los fondos del sistema financiero provienen del narcotráfico. Cuando me dicen que no se puede pelear de frente al narcotráfico porque se cae todo el sistema financiero internacional yo me preguntó si capaz no esté bien que así sea”.

Señores de saco y corbata

Los eslabones más fuertes y de mayores dividendos se encuentran en el lavado de dinero, sea a través de alianzas estratégicas con empresas productivas y de prestación de servicios y de su incorporación en los circuitos financieros. Por ello, al analizar las complejas aristas de la problemática, el desarrollo económico de la región será determinante en la estructura  de crecimiento del narcotráfico “La historia política del narcotráfico es la historia política de la reconfiguración económica de nuestra zona. Así comenzaba a demostrarse el negocio del narcotráfico: de arriba hacia abajo. Primero se asienta el dominio del capital económico de la región con los ladrones de guante blanco, que nunca están en los barrios, que nunca serán allanados, a los que nunca le llegará Gendarmería, a los que nunca le llegará Prefectura Naval, los que están en Rosental y en Fundación Libertad, los bufete de abogados, los grandes estudios de contables” expone el escritor para demostrar la nueva configuración económica  que dio lugar al arribo de capitales extranjeros vinculados al narcotráfico.

Y avala su posición con datos más que reveladores de lo denunciado. En 1998 se entregó el Banco de Santa Fe a los hermanos José y Carlos Rohm que tenían el Banco General de Negocios en Uruguay. En 2002 la jueza federal María Servini de Cubría ordenó la captura de los Rohm por asociación ilícita y lavado de dinero por la fuga de 250 millones de dólares: “Nosotros denunciamos esta maniobra impulsada por Carlos Menem y la última dos administraciones peronistas en la Provincia. Le entregamos el Banco de Santa Fe a Narcolavadores”.

Los Rohm también quedaron involucrados en la causa del megacanje, la operatoria del gobierno de la Alianza para paliar la crisis económica que incrementó la deuda en unos 55 mil millones de dólares y benefició a un grupo de bancos.

Ese mismo año se privatizó el Puerto de Rosario al consorcio filipino Ictsi: “se quedaron dos años y la exportación de autos de  General Motors por la que mostraron intención de participar en la concesión, nunca existió. Ahora a nadie le importó demasiado qué se hizo en esos dos años”

La intención detrás del operativo

Lo que se evidencia es que la guerra contra las drogas no ha combatido los componentes más lucrativos del negocio, sino que se ha erigido contra los más débiles: “Para salir de lo que significa lo más urgente de este fenómeno que es la vida de nuestros pibes, es saber si somos capaces de salir de los valores que hacen a la esencia del capitalismo: el individualismo y el consumismo. Y para empatarle a la seducción de la droga hay que poner deporte, educación, trabajo…. Hoy un pibe está más cerca de un arma que de un trabajo. Es una falsedad que vinieron para combatir el narcotráfico, vinieron para ocupar territorio, marcar una presencia y hacer la orden del imperio de ocupar todos los barrios populares con fuerzas federales con el pretexto de combatir el narcotráfico”.

La batalla contra el narcotráfico encauzada por el imperialismo de Estados Unidos a través de sus socios en Latinoamérica de la DEA y el FMI fueron políticas tendientes a criminalizar a los cultivadores de la hoja de coca en Bolivia y Colombia, los procesadores primarios de la pasta base y los consumidores. Pero los beneficiarios reales, narcotraficantes, funcionarios del Estado y sus fuerzas de represión, empresarios montados en el epicentro de las grandes capitales y banqueros transnacionales, siguen acumulando gigantescas fortunas.

El gobernador santafesino,  Antonio Bonfatti, y su ministro de Seguridad, Raúl Lamberto, viajaron a Washington y anudaron un acuerdo político con el gobierno norteamericano. Se reunieron allí con un representante de Asuntos del Hemisferio Sur del Departamento de Estado, William Ostik, para que den instrucciones a las fuerzas policiales de la provincia. Este hecho puntual es consecuente con la política que el imperio impulsa en el continente: “Estamos viviendo hoy en Argentina la repetición de lo que fue el plan Colombia, el plan México y el Plan Brasil, que con el verso de combatir el narcotráfico ocupan territorialmente los barrios para controlar socialmente a nuestros pibes. Porque el Imperio no quiere una década del 70, no quiere que los pibes se hagan revolucionarios, no quiere que se cuestione el sistema por lo tanto, primero los desapareció, ahora los droga, los desocupa y los convierte en delincuentes. Esta es la etapa superior del Imperialismo”.

La droga no es sólo un negocio, es también una herramienta de control social, que los capitalistas usan para adormecer el espíritu combativo de los jóvenes.

Los mismos perdedores

Son múltiples las causas que explican el incremento del consumo de drogas pero se hace indispensable analizarla desde las perspectivas que ofrece el sistema frente a la vida y el trabajo, especialmente para las nuevas generaciones: “8 de cada 10  jóvenes no terminan la Escuela Secundaria, ¿qué hacen esos pibes?: terminan en consumidores consumidos” y  ante esto la guerra contra las drogas resulta útil en un sólo aspecto: promover el proceso de militarización de la vida social.

Ante las crónicas negras, de una ciudad blanca, el relato que rescató al final de su exposición, entre tantas otras palabras silenciadas, entre tantos jóvenes sin rostros, entre tantas historias invisibilizadas, levantó una consigna para luchar por una sociedad distinta: “un pibe me dijo: Yo tengo 16 años y a los 21 matan o me muero. A los 30 soy viejo.  Lo que único que quiero es tener unas buenas llantas. Y no me digas lo que está bien o lo que está mal. Porqué lo que está bien nunca lo voy a tener. Y si vos me decís algo… cumplilo. Y me dije: ¡qué pedazo de receta política me estaba ofreciendo ese pibe en medio de la desesperación de lo que él mismo denunciaba de sí mismo! Ahí entendí que luchar contra el narcotráfico es luchar contra el capitalismo y es muy difícil que la lucha contra el capitalismo lo lleven adelante los políticos que auspician su permanente desarrollo. Pero también luchar contra el capitalismo supone darnos cuenta  de la esperanza cotidiana, sabiendo que la pelea es pibe por pibe”.

Fuentes: Libro y entrevista de La Brújula  de la mañana.