LOS FORENSES IDENTIFICARON LOS RESTOS DE CARLOS RAUL RACAGNI. La sonrisa de "El Monito"

Imagen de Oscar Belbey

 

SANTA FE › LOS FORENSES IDENTIFICARON LOS RESTOS DE CARLOS RAUL RACAGNI.

La sonrisa de "El Monito"

El Equipo de Antropología Forense identificó los restos de un militante montonero inhumado en La Piedad con un documento clandestino. Es Carlos Raúl Racagni, oriundo de Santa Fe, que resistió un ataque del Ejército en zona sur de Rosario en 1976.

  Por Juan Carlos Tizziani

Le decían "Monito". Le gustaba el apodo porque era un reflejo de su carisma y la sonrisa ancha. Su ex esposa dice que hoy esa misma sonrisa se asoma en su hijo y en sus nietos. Carlos Raúl Racagni tenía 25 años cuando cayó en la lucha contra la dictadura, el 20 de octubre de 1976, en una casa de operativa de Montoneros, en Entre Ríos 6012, zona sur. La misma en la que en 1975 vivió el jefe de la Columna Rosario y a una cuadra de la unidad básica montonera "Tacuarita" Brandazza, antes del golpe. Resistió el ataque del Ejército que copó la villa y bombardeó la vivienda, según el relato de vecinos a un investigador de la caída. Lo inhumaron con el nombre secreto: Juan José Martínez, en el cementerio La Piedad. Y esta semana, una causa que investiga el destino de víctimas del terrorismo de estado en Rosario, a cargo del Ministerio Público Fiscal, recibió un informe del Equipo Argentino de Antropología Forense que confirma que Martínez era Racagni. El análisis genético que comparó la sangre de su hijo y de su hermana tiene la certeza del 99,99 por ciento. Pasaron 39 años de aquel final hasta jugarse la vida.

Racagni cayó en "el combate de la calle Entre Ríos", como lo llamó un referente del colectivo de ex presos políticos de Rosario, Hugo Papalardo, que investigó la caída, habló con vecinos y publicó el informe en el blog, en 2009. Los comunicados del Segundo Cuerpo que salieron en la prensa de la época informaron sobre dos muertos: Martínez y otra militante de Montoneros, Edi Ana Cravero ("Colo"), oriunda de Tostado, a quien la versión del Ejército menciona como "Edith". Edi era la pareja del tercer habitante de la casa, Ermes Mario Rivabella ("El Negro Quique").

La persecución comenzó el mismo 20 de octubre, cuando Rivabella y una de sus compañeras de la Juventud Peronista, Ana María Gutiérrez ("La Negra"), hermana menor de la diputada Alicia Gutiérrez, fueron secuestrados en la calle. Sobrevivientes del Servicio de Informaciones los vieron en El Pozo (en la esquina de Dorrego y San Lorenzo), el centro de exterminio que operaba el Ejército. Y a los tres días, el 23 de octubre, aparecieron acribillados en el barrio Saladillo, en un enfrentamiento fraguado. Rivabella tenía un documento clandestino a nombre de Ediberto Longoni ("Pancho"). En 2010, la diputada Gutiérrez se presentó como querellante en la causa que investiga las ejecuciones.

El quinto integrante del grupo era Santiago Luis Werle ("Guito"), de 21 años, que cayó el 22 de octubre a la siesta, también lo vieron en El Pozo y sigue desaparecido desde entonces. Werle como Racagni eran de Santa Fe. Una semana antes, el 17 de octubre de 1976, otros siete militantes fueron sacados de El Pozo y fusilados en lo que se conoce como "La masacre de Los Surgentes"; algunos de ellos integraban la estructura militar de Montoneros.

Según Papalardo, poco antes del ataque a la casa de calle Entre Ríos, hubo una cita cercana, donde podrían haber caído los secuestrados. Racagni estaba a cargo de la Secretaría Logística de Montoneros, que hacía documentos para militantes que se exiliaban en el exterior o sobrevivían en la clandestinidad.

Ese 20 de octubre, los vecinos vieron salir de la casa una mujer. El relato habilitó la conjetura de que podía ser Cravero, pero los Racagni tiene una versión más ajustada. Era otra militante de Santa Fe, Rosita Pérez García, quien zafó de la masacre por minutos: fue la última que habló con el "Monito". Le dijo: "Me tengo que ir al centro, a hacer unos trámites". Salió de la casa y a los cien metros vio cómo el Ejército comenzaba a copar la zona. Escapó por el país unos meses, se exilió en Brasil y recién regresó a Santa Fe con el retorno de la democracia. "Fue la última que lo vio con vida", recordó la ex esposa de Racagni, Graciela Branca, en un diálogo con Rosario/12.

Racagni pasó a la clandestinidad antes del golpe. Veinte días antes, el 4 de marzo de 1976, el Ejército allanó la casa de sus padres en Santa Fe, cerca del puente Colgante. "Buscaban armas", dijo entonces su mamá. No había nada. Y desde allí, el grupo de tareas llegó hasta su casa de recién casado, en Pasaje Caseros, en el barrio Candioti. Graciela estaba sola, ella no era militante. A la mañana, Carlos trabajaba en los talleres del Ferrocarril Belgrano y a la tarde como preceptor del Colegio Nacional de Santa Fe. "Llegó el Ejército y nos robaron todo lo que podían robar", relató Graciela. "No teníamos muchas cosas, pero se llevaron lo que pudieron, hasta los anillos de oro. En el departamento no había nada porque yo no militaba. Y se fueron. Me encontré sola en el medio de la cama, llorando, con los vecinos que venían a ayudarme", recordó.Graciela llamó por teléfono al "Monito", le dijo que el Ejército había allanado su casa y la de sus padres y ahí, él decidió pasar a la clandestinidad. Se fueron a Rosario, donde vivían en otro departamento lejos de la casa de calle Entre Ríos, al que nunca llegaron los represores. Vivían con su bebé, Lucas, que nació el 30 de agosto de 1976.

El 16 de octubre, Graciela volvió a Santa Fe para el cumpleaños de su hermana. Y el 21 de octubre, a la mañana siguiente del ataque a la casa de calle Entre Ríos, la llamaron por teléfono desde Rosario. Eran su amiga y ex compañera de colegio, Susana Capocetti y el marido, Guillermo López Torres. "Anoche, mataron a Carlos", le dijeron. Siguió el dolor y el pánico. Capocetti y López Torres desaparecieron al año siguiente, en agosto de 1977.

Lucas Racagni tenía dos meses cuando cayó su padre. En un homenaje reciente, dijo que "entregó la vida por una causa justa", en la lucha contra "un gobierno tirano" y "genocida". Su mamá también ha tratado de reconstruir aquella caída y cuando le dicen que él resistió el ataque del Ejército no se sorprende. Ella conocía su coraje. "Por su personalidad, estoy segura que no se iba a entregar, que resistió hasta el final. Porque pudo salir del país y no lo hizo", dijo Graciela. Ella conocía el otro secreto de militancia: el documento clandestino a nombre de Martínez. A Rosario, había viajado su suegra, la madre de Racagni, que intentó recuperar el cuerpo, pero no pudo. "Nunca recuperamos tu cuerpo", escribió Graciela en ese homenaje de hace unos años. Hoy ya le devolvieron el nombre y en mes, podrán recuperarlo. El duelo terminará.

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Historia