Sindicalistas amigos del papa y ...CLARIN

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Si CLARIN lo dice … Sindicalistas amigos del Papa /e/ Internas religiosas

El sindicalista más amigo del Papa organizó la algarada en Luján

Tampoco hay que dormirse en ciertas interpretaciones. Muchos se fijan y se quejan del paso hacia la oposición que dio la Iglesia en la semana, al avalar, casi a la letra, las quejas del peronismo hacia el plan de Gobierno, el FMI y el Presupuesto. Tan opositora quedó esa música, que incluyó una mención a la acusación que le hace el peronismo a la Justicia por las investigaciones de ex funcionarios, incluyendo las prisiones preventivas. Nadie ha podido demostrar que el Gobierno pueda mover la voluntad de un juez, o de un fiscal. Pero alinear a la justicia y al Gobierno, es mostrar un compromiso de confrontar en bloque con la autoridad.

 

La presencia de los Moyano -evangélicos ellos- en la celebración del obispo Agustín Radrizzani en Luján, también distrae del movimiento que hace la Iglesia. Para empezar, el motor de esa movilización opositora, que beneficia a los Moyano, no fue el camionero sino el jefe del Smata, Ricardo Pignanelli, el sindicalista con quien mejor se llevó el Gobierno durante los dos primeros años de su mandato. Participaba de actos oficiales y provocaba enojo en los otros caciques sindicales. Desde el último año endureció la relación, a medida que se deterioraba el sector automotriz.

Pablo Moyano: “No se podría haber realizado la movilización a Luján sin la venia del papa Francisco”

Pignanelli es uno de los más francisquistas del sindicalismo, y tejió la algarada del viernes con dos inconfundibles referentes del Papa, el profesor Aldo Carreras -que está por encima hasta de Juan Grabois en la escala zoológica del papismo criollo- y el ex ministro Julián Domínguez. Ellos se acercaron al presidente de la comisión Episcopal, Oscar Ojea, que los derivó a Radrizzani, obispo de Luján. Con ese llamador fue que se amplió la concurrencia de políticos del peronismo, como Daniel Scioli y Felipe Solá, ex gobernadores de Buenos Aires que suman más de una década de administración en el distrito.

 

Ese grupo, al que se sumaron el segundo de Pignanelli, Paco Manrique, y el ex secretario de Culto Guillermo Oliveri, monitoreó los últimos pasos de la convocatoria, en una cena que ocurrió el viernes en un local del Smata, a pocos metros de la basílica de Luján. El resto es literatura, como el aprovechamiento moyanista, que surgió cuando la justicia comprometió de nuevo a la familia en sus andanzas.

 

Adhesiones entrecruzadas

Este movimiento contó con la venia de Francisco, pero busca un recorrido político propio. Busca armar una mesa sindical dominada por el Pignanelli más papista, que sume a Sergio Palazzo de bancarios y a Moyano, y que se ofrezca como interlocutor del peronismo en algún proceso de unidad. En esa misa hubo delegados del cristinismo, como Wado de Pedro, y los asistentes imaginan una nueva ronda de conversaciones que no excluya a Cristina ni a otros dirigentes del peronismo.

 

Por ejemplo, Pignanelli lo invitó a Sergio Massa, estrella de la mesa de Juan Manzur en Tucumán. Solá -presente en Luján- ya no representa a Massa, porque tiene cerrada la maleta con rueditas para llevarse a media docena de diputados del bloque del Frente Renovador. Sí hubo un hombre de Massa en el acto peronista de Merlo, adonde el presidente del PJ bonaerense lanzó amenazas a los jueces que toquen a la dinastía Kirchner -no se había conocido otro extremo monárquico tan explícito en el peronismo desde la designación de Máximo como candidato a diputado nacional en 2015-. Fue el intendente de Tigre, Julio Zamora, que escuchó cuándo desde la tribuna se lo nominó a Macri como "enemigo del pueblo".

 

Celos de la Iglesia por romance con evangélicos

Este compromiso de la Iglesia con la oposición habilita a otras percepciones. La Iglesia vuelve a montar un tinglado para ofrecerse como polo de algún diálogo, que se aparte del rupturismo del moyanismo extremo, que juega al bloqueo, ni por ese canal de acuerdos discretos que tiene el Gobierno con las organizaciones sociales, que son hoy el seguro de tranquilidad en las calles. Segundo: la Iglesia ha querido dar una señal ante el avance en las relaciones del Gobierno con los evangelistas. Esta relación supone la participación en el reparto de ayuda material a los pobres, del gobierno de María Eugenia Vidal, por parte de las iglesias que se referencian en líderes religiosos como el pastor Jorge Sennewald o el presidente de la Aciera (Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina), el pastor bautista Rubén Proietti.

 

La relación con Vidal se reforzó con el debate de la ley de despenalización del aborto, cuando los evangélicos, tomando la delantera por sobre la Iglesia Católica, emprendieron la lucha en el Senado para el rechazo del proyecto, que se había dormido en Diputados, en la presunción de que esa cámara lo rechazaría. Ahora los evangélicos encabezan la pelea en el Congreso, para que no prospere la reforma a la ley de Educación Sexual Integral. Esta pelea crece y vuelve a despertar a los pañuelos verdes y celestes. Los verdes quieren una reforma que estatiza la educación sexual y que impone contenidos mínimos a todas las escuelas del país. Los celestes defienden la libertad de provincias, escuelas y familias de manejar los contenidos según sus convicciones. La Iglesia católica, en Luján, también ha querido dar una señal de malestar por ese romance caribeño entre el macrismo y los evangélicos.

Categoria: 
Sociología